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Una gota de sudor caía por sus espaldas, ambos terminaron exhaustos por aquel maratón de seducción y pasión, sus manos recorrían cada parte de su cuerpo, no dejaron ni un lugar sin sentir, todo era un estúpido juego de sensaciones placenteras que uno a uno se propiciaban.
Su sexo parecía partirse en dos a cada embestida propiciada por el, la sensación del sudor resbalando por sus piernas provocaba un sonido excitante para ella que poco a poco provoca pequeñas descargas en todo su ser, el mordía su senos una y otra vez, notando la dureza de sus pezones, juntaban sus bocas, su aliento se había mezclado como el azúcar en el agua dejando un sabor dulzón entre sus labios.
Sus bocas chocan nuevamente por la necesidad del momento y en un gesto de ternura se abrazan para sentirse el uno al otro, el deseo por rozar la leve piel de sus cuerpos hacia que cada uno se estremeciera poco a poco disfrutando las sensaciones producidas.
Ella se volvía a montar en el, empezando a moverse lentamente para disfrutar cada uno de los goces que le producía la sensación de sentirla dentro de ella, no deja de verlo a la cara, no quería perderse ni un solo gesto placer de su rostro, no deja de admirar esa belleza que solamente se obtiene en el momento exacto de la fornicación.
El, en un arrebato de deseo la pone entre sus brazos para embestirla mas y mas fuerte, la toca de tal forma que ella empieza a sentir mas y mas placer que va demostrando en grandes gritos, ambos están apunto de sucumbir ante su propio placer, ambos gritan de gozo y disfrute, ambos son uno y ambos llegan al punto en que el solo silencio basta para saber que todo ah terminado.
Mas tarde el empieza el juego, ella lo besa, ambos se besan disfrutando cada uno de esos besos que los van excitando poco a poco, afuera llueve, la sala es inmensa, pero el sofá es pequeño para seguir, en un movimiento brusco llegan al suelo el cual era frio, se siguen acariciando, ella le comenta que el encanta, el no responde, a lo lejos se escucha música, ellos se empiezan a mover de acuerdo a las notas que se escuchan, se abrazan, se acarician, se besan, el posa su mano sobre el sexo de ella y empieza a juguetear para así provocarle unos gritos de placer , porque sabe que al final ella le agradecerá de una forma muy satisfactoria, el frio desaparece, en la sala hay calor, los cristales se empañan, el sudor se hace presente en los dos, ambos están deseosos de seguir sintiendo esas sensaciones.
El la penetra poco a poco, se escuchan jadeantes, en su rostro no hay otra cosa que no sea placer, ella lo toma por el cabello y lo atrae con fuerza hacia sus labios que ansiosos le muerden, provocando una excitación mas fuerte en ellos, el la besa muy fuerte, le busca el cuello, le besa los hombros, ella le pide que la muerda, el lo hace sin pensarlo, esas mordidas producen un escalofrió en la piel de ella, le producen placer, ambos juegan papeles diferentes, ambos buscan sentir placer, ambos quieren que el otro sienta placer, ambos están llegando al punto máximo de unión, ambos terminan disfrutando, lo que cada uno comenzó, ambos alcanzan el clímax interminable de esa tarde lluviosa y fría.
Su sexo parecía partirse en dos a cada embestida propiciada por el, la sensación del sudor resbalando por sus piernas provocaba un sonido excitante para ella que poco a poco provoca pequeñas descargas en todo su ser, el mordía su senos una y otra vez, notando la dureza de sus pezones, juntaban sus bocas, su aliento se había mezclado como el azúcar en el agua dejando un sabor dulzón entre sus labios.
Sus bocas chocan nuevamente por la necesidad del momento y en un gesto de ternura se abrazan para sentirse el uno al otro, el deseo por rozar la leve piel de sus cuerpos hacia que cada uno se estremeciera poco a poco disfrutando las sensaciones producidas.
Ella se volvía a montar en el, empezando a moverse lentamente para disfrutar cada uno de los goces que le producía la sensación de sentirla dentro de ella, no deja de verlo a la cara, no quería perderse ni un solo gesto placer de su rostro, no deja de admirar esa belleza que solamente se obtiene en el momento exacto de la fornicación.
El, en un arrebato de deseo la pone entre sus brazos para embestirla mas y mas fuerte, la toca de tal forma que ella empieza a sentir mas y mas placer que va demostrando en grandes gritos, ambos están apunto de sucumbir ante su propio placer, ambos gritan de gozo y disfrute, ambos son uno y ambos llegan al punto en que el solo silencio basta para saber que todo ah terminado.
Mas tarde el empieza el juego, ella lo besa, ambos se besan disfrutando cada uno de esos besos que los van excitando poco a poco, afuera llueve, la sala es inmensa, pero el sofá es pequeño para seguir, en un movimiento brusco llegan al suelo el cual era frio, se siguen acariciando, ella le comenta que el encanta, el no responde, a lo lejos se escucha música, ellos se empiezan a mover de acuerdo a las notas que se escuchan, se abrazan, se acarician, se besan, el posa su mano sobre el sexo de ella y empieza a juguetear para así provocarle unos gritos de placer , porque sabe que al final ella le agradecerá de una forma muy satisfactoria, el frio desaparece, en la sala hay calor, los cristales se empañan, el sudor se hace presente en los dos, ambos están deseosos de seguir sintiendo esas sensaciones.
El la penetra poco a poco, se escuchan jadeantes, en su rostro no hay otra cosa que no sea placer, ella lo toma por el cabello y lo atrae con fuerza hacia sus labios que ansiosos le muerden, provocando una excitación mas fuerte en ellos, el la besa muy fuerte, le busca el cuello, le besa los hombros, ella le pide que la muerda, el lo hace sin pensarlo, esas mordidas producen un escalofrió en la piel de ella, le producen placer, ambos juegan papeles diferentes, ambos buscan sentir placer, ambos quieren que el otro sienta placer, ambos están llegando al punto máximo de unión, ambos terminan disfrutando, lo que cada uno comenzó, ambos alcanzan el clímax interminable de esa tarde lluviosa y fría.